UN NUEVO USO CON LA MISMA
IMAGEN
Desde
principios de siglo, el Palais Beaumont guardó
la exhuberancia. Las insólitas siluetas
de los dos campaniles de piedra han sido testigos
de una época en que la naturaleza penetraba
en el interior del edificio bajo el metal y el
cristal de sus jardines de invierno.
Los
años 30 implicaron la vuelta del rigor.
Las líneas sustituyeron a las curbas. Los
balaustres italianos que alargaban los vanos de
medio punto disimulaban los defectos de la techidumbre.
Esta
superposición de estilos se mantuvo, ya
que al igual que en las catedrales, esto constituye
la riqueza de un edificio. Los retoques posteriores
la degradaron. Se llevó a cabo una limpieza
del edificio para guardar su esencia.
La
naturaleza volvió a ocupar los espacios
bajo las dos vidrieras, a lo largo de los campaniles
que encuadraban el gran hall.



Tras
una milagrosa excavación, el sótano
se transformó en jardín, permitiendo
las vistas de los Pirineos. Una fuente reflejaría
esta nueva imagen.
En
su interior, el ambiente sería frondoso,
donde la luz filtraría a través
de sucesivas protecciones : arquerías de
estuco, tableros de madera esculpida, vidrieras...
Del
amarillo al marrón habano, los colores
pondrían de relieve su amplia gama cromática.
Bajo
los pasos del visitante, se encuentran las alfombras
sobre el parqué que conducen a los prestigiosos
lugares que reviven en una interpretación
contemporánea de la memoria del edificio.
François
Lombard - Arquitecto